El mundial en números

Por Vittorio Hugo Petri

El mundial más grande de la historia

El Mundial 2026 no será uno más. Será el más grande de la historia: más selecciones, más futbolistas, más partidos y, también, más historias cruzadas. Estados Unidos, México y Canadá recibirán una Copa que rompe con casi tres décadas de estabilidad en el formato y abre una nueva etapa: 48 equipos, 1.248 jugadores y 104 partidos. Por primera vez, el torneo superará la barrera de los 100 encuentros.

Desde 1998, el Mundial funcionaba bajo una arquitectura conocida: 32 selecciones, ocho grupos de cuatro, dos clasificados por zona y eliminación directa desde octavos de final. Era el Mundial moderno en su forma más reconocible. En 2026, esa familiaridad se altera: habrá 12 grupos de cuatro, clasificarán los dos primeros y también los ocho mejores terceros. El premio para los que sobrevivan será una nueva ronda eliminatoria, previa a los octavos.

La pregunta que se abre en este punto es si el mundial de este año va a representar lo que el Mundial del 82 representó para el del 98, una especie de transición hacia una futura ampliación de más equipos: lo que te permite, la actual clasificación de los mejores terceros es, precisamente, ampliar el cupo a futuro sin tener que modificar demasiado el funcionamiento, solo volver a reducir la clasificación a los 2 mejores de cada grupo.

Este cambio en la cantidad deja una perlita histórica: durante medio siglo, desde 1974 hasta 2022, ser campeón del mundo implicó jugar siete partidos. La frase “llegar al séptimo partido” se volvió una manera futbolera de nombrar la final, el último escalón, el partido de la gloria. En 2026, esa idea deja de ser literal: el séptimo partido será la semifinal. Para levantar la Copa habrá que jugar ocho.

La historia de los Mundiales siempre fue, en parte, la historia de sus formatos. Hubo torneos con eliminación directa desde el arranque, como en 1934 y 1938; hubo una copa sin final formal, como Brasil 1950, decidida por un cuadrangular; hubo segundas fases de grupos en 1974 y 1978; y hasta triangulares en 1982. Recién desde 1986 se consolidó el camino que hoy reconocemos: fase de grupos, octavos, cuartos, semifinal y final. El Mundial 2026 vuelve a mover esa arquitectura al incorporar una nueva fase de eliminación y la vuelta de los mejores terceros.

Mayor diversidad de selecciones

La ampliación también reordena el peso relativo de las confederaciones. Europa sigue siendo la región con mayor presencia y densidad competitiva, pero pierde participación relativa respecto de otras etapas históricas. En Mundiales como los de 1986 o 1990, la UEFA llegó a representar cerca del 60% de las selecciones participantes, este año apenas supera el 30%, es el peso relativo más bajo desde 1930.

Con 48 equipos, el torneo se vuelve más global en su composición: crecen los cupos, se ensancha el mapa y aparecen más países con la posibilidad de jugar la Copa.

Ese es, quizás, uno de los sentidos más fuertes del nuevo formato. El Mundial se expande geográficamente y se vuelve menos exclusivo. La contracara es deportiva: más equipos significa más partidos, más viajes, más desgaste y una competencia más larga. Para ser el campeón, también habrá que resistir más.

Fútbol y migración

Otra marca distintiva del Mundial 2026 aparece en el lugar de nacimiento de los futbolistas. Según los datos relevados, uno de cada cuatro jugadores convocados no representa al país donde nació. El dato duplica los valores observados en los últimos Mundiales y obliga a mirar el torneo con otra lente: el Mundial ya no reúne solamente países, también reúne diásporas.

La camiseta de una selección ya no cuenta una historia lineal. Un futbolista puede nacer en Francia, crecer en Países Bajos, formarse en Inglaterra y representar a Argelia, Haití, Curazao, RD Congo o Marruecos. Puede jugar para el país de sus padres, de sus abuelos, de su pasaporte, de su infancia familiar o de una pertenencia que no siempre coincide con la partida de nacimiento. En el fútbol de selecciones, el mapa afectivo muchas veces es más complejo que el mapa político.

El dato de nacimiento debe leerse como una pista sobre los movimientos migratorios, la historia de las familias, las comunidades y las trayectorias futbolísticas.

Francia aparece como el gran semillero global: 100 futbolistas nacidos allí disputarán el Mundial representando a otros países. Le siguen Países Bajos e Inglaterra, dos territorios que también funcionan como grandes plataformas de formación para selecciones atravesadas por la migración. Detrás de cada número hay diferentes historias: excolonias, segundas generaciones, familias migrantes, dobles pertenencias.

El caso de Curazao ayuda a entender el fenómeno. Buena parte de su selección está integrada por futbolistas nacidos en Países Bajos. En términos estrictos, nacieron en Europa; en términos futbolísticos, representan una identidad caribeña atravesada por la historia colonial, la ciudadanía compartida y los vínculos familiares. Lo mismo ocurre, con matices, en varias selecciones africanas y caribeñas. El Mundial, en ese sentido, es una radiografía de la migración contemporánea. 
CANTIDAD DE FUTBOLISTAS QUE REPRESENTAN AL PAÍS DONDE NACIERON

¿Favoritos?

Si el fútbol se midiera solamente en millones de euros, Inglaterra llegaría al Mundial 2026 como el gran candidato. De acuerdo con CIES, cuenta con el plantel mejor valorado de la competencia, seguida por Francia y España. El podio no sorprende: son selecciones con ligas poderosas, futbolistas de élite y una enorme acumulación de talento en las principales competencias europeas.

Pero el Mundial rara vez se deja explicar solo por el valor de mercado. La Copa tiene otra economía: la del carácter, la memoria competitiva, los cruces, los penales, las lesiones, los grupos favorables o imposibles, y esa mezcla de azar y convicción que aparece cada cuatro años. En ese punto, Argentina aparece con un rasgo diferencial: la continuidad. La Selección repetirá a 15 futbolistas del plantel campeón en Qatar 2022, es la selección campeona que más futbolistas repite de una convocatoria a otra. Si vemos lo que sucedió con las que más repitieron en el pasado, caso de España en 2010 y 2014 o Francia 1998 y 2002, el panorama no es muy alentador, ya que ambas quedaron fuera en fase de grupos.

Pero en un Mundial que exige una mayor resistencia, tal vez esto se convierta en un valor agregado: la Scaloneta es un equipo con memoria interna, códigos compartidos y experiencia de haber atravesado el camino completo. En una Copa más larga y exigente, eso puede ser una ventaja: saber sufrir juntos también es un capital futbolístico.

Futbol y mercado

Durante buena parte de la historia, las camisetas mundialistas fueron casi anónimas desde el punto de vista comercial. Hasta 1970, los logos visibles prácticamente no formaban parte del paisaje. La camiseta era escudo, número y colores. Nada más.

El quiebre fuerte llega en los años setenta. En México 1970, Adidas se instala como la marca que vestirá los mundiales hasta el día de hoy, diseñando la pelota especialmente para que se vea de la mejor manera en las transmisiones televisivas, así nació la Telstar.

El Mundial de 1974 marca una nueva etapa: las marcas empiezan a ganar presencia visible y Adidas aprovecha la sede mundialista en Alemania (país originario de la marca) para pisar fuerte. Desde entonces, las camisetas dejan de ser solo símbolos nacionales y pasan a ser también objetos de mercado, diseño, disputa cultural y negocios globales.

Este cambio produjo algunas escenas inolvidables. Una de las más famosas es la de Johan Cruyff en 1974: mientras Países Bajos vestía Adidas, él usó una camiseta con dos tiras en lugar de tres, por su vínculo comercial con Puma. Una pequeña modificación estética que terminó convertida en mito.

Con el paso de los años, Adidas perdió el monopolio simbólico que tuvo durante décadas, aunque sigue siendo una de las marcas más presentes en selecciones nacionales. Nike creció con fuerza desde los años noventa y Puma quedó como el tercero en esa disputa, actualmente visible principalmente en selecciones africanas y europeas.

La evolución de las marcas muestra otra transformación del torneo. El Mundial pasó de ser una competencia de selecciones a convertirse en una vidriera global donde conviven deporte, moda, consumo, identidad y nostalgia.

¿Y el hidration break?

Los hidration break son un nuevo paso de esta avanzada comercial, que ahora se meten de lleno en el desarrollo del juego. Nacidos como respuesta al calor y a la necesidad de proteger a los futbolistas, esos cortes abren una discusión que va más allá de tomar agua, vienen a alterar el ritmo histórico del juego: el partido deja de ser una larga disputa de dos tiempos y empieza a parecerse a una secuencia de cuatro bloques que, al mismo tiempo, ofrecen un elemento económicamente distintivo: una nueva ventana comercial.

La pregunta es si se trata de una excepción propia de un Mundial extremo —más largo, más caluroso, más norteamericano y televisivo— o si estamos ante una señal de futuro. ¿Llegaron para quedarse? ¿Puede el fútbol sostener su forma tradicional después del Mundial o empezará a migrar lentamente hacia una lógica de cortes más frecuentes, más parecida a otros deportes globales? La duda conecta con otra frontera que todavía resiste: las camisetas de las selecciones no llevan publicidad comercial en el pecho. Tienen marca, diseño, venta; pero aún conservan algo de símbolo nacional puro. ¿Cuánto tiempo más podrá aguantar esa última trinchera?

Fuentes: elaboración propia en base a FIFA, FIFA Squad Lists 2022 y 2026, Fjelstul World Cup Database, CIES Football Observatory, Van Campenhout, Van Sterkenburg & Oonk, Vox.com, Football Kit Archive y Footy Headlines.

–   FIFA.

–   Github – The Fjelstul World Cup Database.

–       Has the World Cup become more migratory? A comparative history of foreign-born players in national football teams, c. 1930-2018

–       How migration has shaped the world cup – Vox.com.

–       Top-valued teams: three main favourites – CIES.

–       Football kit archive.

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